APRENDAMOS DE DISCIPLINA POSITIVA


EL NIÑO CON PROBLEMAS DE CONDUCTA: POR QUÉ EL ENFOQUE

“SUPERNANNY” NO FUNCIONA

“Si queremos fomentar el sentimiento de comunidad en el niño y mejorar las relaciones familiares, tenemos que trabajar con objetivos inconscientes y asuntos de estilo de vida”

Desde un punto de vista adleriano, podemos argumentar que en aquellas familias en las que el niño no “se porta mal” en casa (pero sí en el colegio), es porque allá sus caprichos se satisfacen al más mínimo signo de malestar.

Para muchos padres es más fácil ceder cuando el niño se  rebela que imponer su autoridad.  En muchos casos, este problema surge cuando el niño consentido tiene que compartir y participar en un grupo o clase, cuando este tipo de permisividad es inapropiado. Incluso cuando existe cooperación entre profesores y padres, o cuando padres con buena voluntad quieren mejorar sus habilidades educativas usando las “pautas” recomendadas por el especialista, en muchos casos vemos importantes dificultades en los padres para cumplir con estas pautas. 

En la variante mediática (televisión) existen figuras como la “supernanny”, un o una especialista de la educación o psicología (supuestamente) que pone a tono a padres aparentemente incompetentes dándoles pautas de modificación de conducta de cómo tratar a sus hijos. Este tipo de pautas educativas, que puede ser más o menos sofisticadas, pueden ser bastante eficientes en controlar la conducta perturbadora del niño, en casa o en el aula. Pero a veces, el adulto deja de usar estas pautas al cabo de un tiempo, las usa de forma inapropiada o nunca realmente empieza a usar las. En estas situaciones, el problema reaparece o se exacerba. ¿Por qué pasa esto? Alfred Adler fue uno de los primeros autores en reconocer que cada individuo aspira a tener significado y a pertenecer, a otra persona, a una familia, a un grupo, a toda la humanidad. Toda conducta, hasta la conducta desadaptativa o desviada, es una expresión del estilo de vida del individuo, y por eso, toda conducta tiene un propósito, un objetivo y un significado social. Por eso, podemos interpretar toda conducta, buena o mala, saludable o patológica, como un intento del individuo de encontrar su sitio en el contexto social, de superar sus dificultades y de alcanzar sus objetivos. Y en este intento, la gente se puede equivocar. Rabietas fuertes, por ejemplo, pueden ser una conducta no deseada, pero pueden tener sentido en un contexto familiar en el cual las necesidades básicas del niño no se satisfacen. Así, independientemente de un diagnóstico Psiquiátrico de la conducta disruptiva o desadaptativa del niño, no deberíamos interpretarla como “patológica”, “anormal” o“mala”, sino como la expresión de una idea errónea y objetivo equivocado que pueden ser corregidos, si comprendemos al niño e intentamos ayudarle. Los “cuatro objetivos erróneos de la conducta perturbadora infantil” de Dreikurs.  

En una aplicación del enfoque teológico de Adler, Rudolf Dreikurs formuló en 1940 los cuatro objetivos erróneos de la conducta infantil inapropiada como una forma de describir las motivaciones para sus acciones perturbadoras: metas inmediatas, específicas y principalmente inconscientes están en la base de problemas de conducta persistentes, debido a las ideas erróneas (inconscientes) que tiene el niño sobre como interactuar con el adulto, lo cual en sí mismo es una expresión de un sentimiento de comunidad insuficiente . De acuerdo con Dreikurs, el niño, con una conducta negativa, busca uno entre cuatro posibles objetivos equivocados: obtener atención, conseguir poder, tomar venganza o demostrar su incapacidad. Detectar el objetivo inconsciente detrás de la conducta manifiesta permite a los padres o profesores usar intervenciones más adecuadas y efectivas y de resolver la situación conflictiva concreta. Basándose en estas ideas, varios autores desarrollaron programas y escribieron manuales para entrenamiento de padres y / o de profesores, siendo los más famosos e importantes los de Dreikurs y colaboradores y Dinkmeyer y colaboradores. En España, Oberst desarrolló Educación para la Convivencia (EDUCON). La mayoría de estos programas están diseñados para mejorar el estilo educativo de los adultos en general, pero algunos incluyen la posibilidad de trabajar con familias que tienen niños diagnosticados con trastornos conductuales, en especial TDA/H, argumentando que estas intervenciones deberían incluir el desarrollo del sentimiento de comunidad en estos niños, porque experimentan sentimientos de impotencia, aislamiento social, baja autoestima, pocas habilidades sociales, y que tienen un riesgo más elevado de desarrollar conductas agresivas y delincuentes.

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